(Fuente, REViSTA SEMANA)
La subcomisión de género de la mesa de negociaciones en Cuba cumplió su
primer aniversario este mes. Semana Educación profundiza en qué es y
cuál es su función.
Cuando las mujeres se sientan en La Habana
Foto: Cortesía Ruta Pacífica de las Mujeres
El pasado 7 de septiembre se cumplió un año de la puesta en marcha de la
subcomisión de género en los diálogos de paz que adelanta el gobierno
con la guerrilla de las Farc en La Habana (Cuba). Un hito histórico en
el marco de las negociaciones, porque es la primera vez que se
implementa. En otras palabras, supone un reconocimiento de la necesidad
de incluir el enfoque diferencial en los acuerdos que se alcancen.
María Paulina Riveros y Victoria Sandino Palmera, delegadas del equipo
del gobierno y del grupo guerrillero respectivamente, lideran la
subcomisión. Hasta el momento se han reunido con 18 representantes de
organizaciones de mujeres líderes en el territorio y feministas en la
capital cubana. También con el movimiento LGBTI.
El objetivo de estas reuniones es comprender la situación de las mujeres
en toda su diversidad, desde el campo a la ciudad, y con el conflicto
armado como contexto. Reconocer que la guerra afecta de forma diferente a
hombres y mujeres implica que estas últimas posiciones sus demandas y
necesidades para un posible posconflicto. De ese intercambio de ideas y
experiencias se emiten recomendaciones que, posteriormente, adoptará o
no la mesa, pues no son de obligatorio cumplimiento.
La subcomisión fue el resultado del trabajo y la presión que ejercieron
las organizaciones de mujeres líderes en sus respectivos territorios,
así como de los organismos internacionales y de los países garantes. Así
lo explicó a Semana Educación Marina Gallego, representante de la Ruta
Pacífica de las Mujeres.
“Las partes también empezaron a ver que faltaba presencia femenina en
la mesa. Incluso las mujeres de la insurgencia se cuestionaron su papel
en las conversaciones. El peso de la guerra las afecta también a ellas
de otro modo”, subrayó.
A este respecto, las Farc difundieron un comunicado en su página en el
que compartían la necesidad de potenciar las facultades de las mujeres y
su autodeterminación a todos los niveles. “La deuda histórica de
Colombia con las mujeres debe empezar a ser saldada”, aseguraron.
Para Olga Amparo Sánchez, representante de la organización Casa de la
Mujer en la subcomisión de género de La Habana, la voluntad de las
partes es clara. Sin embargo, para ella resulta prioritario que no solo
los acuerdos incluyan este enfoque diferencial, sino que una vez firmada
la paz se implementen reformas estructurales para trasformar la
situación de las mujeres. “La desigualdad que hemos padecido en el marco
del conflicto es producto de la subordinación femenina en tiempos de
paz pasados”, insistió.
La educación se convierte en una herramienta para cambiar este paradigma
y dejar de concebir a la mujer como “ciudadana de segunda clase”,
subrayó Olga Amparo Sánchez. Cuando los acuerdos sean refrendados, “será
necesario contar con el compromiso del sistema educativo para que se
introduzca la perspectiva de género desde las aulas, que se transforme
el imaginario colectivo al respecto”, aseguró.
La misma opinión tiene Marina Gallego. “Tenemos que acostumbrarnos a un
país sin ‘demonio’ (las Farc). Ahí es cuando cobrará importancia la
educación como estrategia para resolver el resto de debates que se
generarán una vez se firme la paz: la inseguridad, la reinserción a la
sociedad de los victimarios, tolerancia de la sociedad”, sostuvo.


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