(Fuente, REViSTA SEMANA)
Cuatro años después de morir, el genio detrás de Apple sigue dando de
qué hablar. Una película y un documental repasan el hombre y el mito
desde perspectivas que contrastan.
Steve Jobs murió hace cuatro años pero no por ello deja de estar vigente.Dos nuevas películas lo prueban.
Foto: A.F.P.
El miércoles tuvo lugar en San Francisco, California, el lanzamiento de
la última generación de productos Apple. Una ocasión para recordar cómo,
en ese escenario, Steve Jobs presentaba el iMac, el iPod, el iPad y
parecía el maestro de ceremonias del mismísimo futuro. Allá, lejos de
las empresas donde empleados chinos que armaban sus productos se
suicidaban a ritmo alarmante, Jobs brillaba como pocos. ¿Mejoró el mundo
en el que vivió? ¿Hizo más que ofrecer una manera distinta de
interactuar con los aparatos y capitalizarlo? Estas preguntas son tan
válidas hoy como cuando murió de cáncer pancreático en octubre de 2011 y
cientos de miles expresaron su tristeza por perder a quien veían como
un visionario.
Un genio de los siglos XIX y XX como Nikola Tesla, que con sus
invenciones puso la mesa para la Revolución Industrial, recibe menos
alabanzas de las que debería, pero Tesla no nació en la era del
marketing. Y ese fue el fuerte de Jobs. Sin importar su ausencia, sus
acciones todavía interesan y sirven de excusa para evaluar los valores
del presente.
Las dos películas más recientes sobre Jobs muestran que por cada uno de
sus fanáticos hay alguien dispuesto a mirar sus logros con lupa, pues en
sus exploraciones del mismo personaje los directores llegan a orillas
distintas. En el festival de cine de Telluride (Colorado, Estados
Unidos) se estrenó la semana pasada Steve Jobs, cinta dirigida por Danny
Boyle (Trainspotting, Slumdog Millionaire) con guion de Aaron Sorkin
(The West Wing, The Social Network), cuyo estilo es admirado por el
diálogo ágil.
En la piel del redentor de Apple está Michael Fassbender. El actor
extiende su cuarto de hora en Hollywood y para los críticos su papel le
va a representar una nominación al Oscar. La participación de Kate
Winslet también le añade calidad a una película que probablemente dejará
en el olvido al Jobs que Ashton Kutcher encarnó en 2013. Para Benjamin
Lee, del diario The Guardian, la cinta de Boyle tiene la cualidad de
retratar sin sentimentalismos, pero quizás va muy lejos en ese intento y
justifica a Jobs como persona por el ‘genio que era’. Para Lee, la
producción hablará a los fanáticos pero corre el riesgo de aburrir a
quienes no han hecho, ni harán, filas interminables para comprar el más
reciente iPhone.
También se presentó el documental The Man In the Machine, dirigido por
el galardonado documentalista Alex Gibney. El cineasta se ha
especializado en abordar temáticas incómodas. Ha tocado a la Iglesia
católica, la Cienciología, las terribles torturas a presos en las
prisiones ‘fantasma’ estadounidenses en el Medio Oriente (Taxi to the
Dark Side le valió un premio Oscar en 2008) e incluso al ídolo caído
Lance Armstrong. Gibney no ocultó su intención al investigar sobre Jobs
en un documental financiado por CNN: “No quería filmar su ‘biopic’
oficial, todo lo contrario”. En un comienzo, su viuda Laurene Jobs y
varios de los allegados y colaboradores más cercanos a él habían
acordado participar, pero la intención del realizador los disuadió.
“Tuve que buscar caminos distintos para llegar a la información
interesante, y por eso no se le puede llamar una biografía completa. Eso
llevó al documental a preguntar por qué es, o fue, tan importante para
tanta gente”. Aceptando que es un usuario de iPhone, Gibney concluyó
“tenemos que cuestionarlo, pero también tenemos que cuestionarnos
nosotros mismos”.
En su documental, Gibney se pregunta si los rasgos personales de Jobs
permearon sus productos y su compañía. Nadie cuestiona lo que este logró
como cabeza de una empresa que retomó al borde de la bancarrota y llevó
a lo más alto. Bajo su liderazgo, muchas veces tiránico, Apple empujó
los conceptos de diseño, de calidad y de servicio a un nuevo límite y se
convirtió en el monstruo de empresa que es hoy. Pero la forma en la que
él se atribuyó el éxito de la marca de la manzana abre la puerta a
cuestionamientos. Genio sí, genio único, no, genio perfecto, menos.


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