(Fuente, Diario EL ESPECTADOR)
Si Maduro no hiriera la dignidad de Colombia; si no insultara a
diestra y siniestra; si no irrespetara a esa dama que es la canciller
María Ángela Holguín; si no calumniara al presidente Santos, todo un
caballero quien, sin salirse de madre, como era lógico que le sucediera
al escuchar esos insultos que llegan hasta el disparate de acusarlo de
ser cómplice de su posible asesinato, ambos mandatarios podrían sentarse
a examinar la situación de la frontera y a oír las razones de cada
cual.
Por: Patricia Lara Salive
Pero no. Maduro ha seguido insultando. Y Santos, lo máximo que le ha dicho, es una verdad que, como tal, le ha dolido en el alma: que la revolución bolivariana ha fracasado y se está autodestruyendo. Y le ha añadido otra verdad: que en su radar “no caben el irrespeto, ni los insultos, ni las payasadas, ni las mentiras”.¿Será que Maduro se ha contagiado del estilo de ciertos uribistas, Uribe incluido, que insultan al presidente; acusan a la ministra de ser “rica y gay”; o tildan de asesinos y terroristas a aquellos de la izquierda que no les comen cuento, como lo hizo Uribe con Antonio Navarro, Gustavo Petro y su amigo León Valencia, a quien luego de que le rechazó el Ministerio de Cultura y destapó el escándalo de la parapolítica, empezó a endilgarle esos epítetos?
¡Quién sabe! En todo caso la grosería de Maduro parece provenirle de su propio hígado. Y ese defecto enorme impide que se vean las razones de Venezuela. Porque si Maduro guardara la compostura y la decencia de Santos, y expusiera sus razones sin insultar, podríamos darnos cuenta de que en mucho de lo que dice en el publirreportaje que le pagó al New York Times, a Venezuela no le falta razón.
Por ejemplo, no es sino observar la infografía de la revista Semana en que muestra los lugares de la frontera en La Guajira, Norte de Santander y Arauca donde hay Farc, Eln, Bacrim, Megateo y Epl, y donde existen minería ilegal, tráfico de gasolina y trasteo de votos, para saber que el lado colombiano de la raya es dinamita pura y que, por consiguiente, es verdad, como dice el publirreportaje del Times, titulado ‘La verdad sobre la situación fronteriza entre Colombia y Venezuela’, que “Colombia se ha visto devastada por 50 años de guerra civil, lo que ha traído problemas de seguridad para Venezuela a lo largo de la frontera”.
El texto agrega que “Venezuela se ha visto forzada a tomar medidas constitucionales extraordinarias cerrando una parte de la frontera con el propósito de defender a sus ciudadanos”. Eso sí no es verdad, porque esa situación crítica viene desde hace tiempo y Maduro lo que ha hecho ahora es armar el éxodo para aprovecharlo electoralmente.
Añade que “serias amenazas a la seguridad económica y nacional han crecido en los últimos años, como el paramilitarismo, narcotráfico y la proliferación de prácticas ilegales como contrabando de gasolina, comida, medicina y otros productos básicos, así como manipulación de las divisas que afectan las condiciones de la población”.
Eso sí parece ser cierto, aun cuando el publireportaje no habla, ¡claro!, de la corrupción de la Guardia Nacional venezolana, de su participación en el contrabando y el narcotráfico fronterizos, del caos cambiario de ese país y de que la guerrilla colombiana se ha paseado por su territorio cual Pedro por su casa. Pero con ese irrespeto y esa vulgaridad que le son propios, a Maduro muy pocos lo escuchan.
Ahora sí que le convendría, como le ocurrió al presidente Chávez, que el rey de España, o mucho mejor, el propio comandante en jefe, Fidel Castro, le dijera: “ven acá, Maduro, ¿por qué no te callas?”.


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