(Fuente, Diario EL TIEMPO)
Foto: Archivo / ELTIEMPO
Consejos de ortografía.
Los días, los meses y gentilicios se escriben en minúscula. Los títulos y nombres, en mayúsculas.
Eufrasia, de 17 años y
residente en Bogotá, contaba una sencilla experiencia: “Una mañana fría
de agosto, comprobé que había llegado al éxito”. Triunfar a tan
temprana edad sorprende a cualquier lector. Muchas personas se esfuerzan
casi toda la vida y apenas obtienen pequeñas satisfacciones; sin
embargo, hay que persistir en tal propósito. Cuando se quiso indagar
acerca de cómo cumplió tal hazaña, ella afirmó: “Tomé un bus de
TransMilenio, descendí en el Portal del Norte y me dirigí por un puente
peatonal hacia el oriente. Así llegué al Éxito”.
Este caso, con ligeros cambios, comprueba que
la ignorancia en el uso de las letras mayúsculas arrastra altos peligros
de confusión. Escudriñar algunos, quizás donde las imprecisiones son
mayores, permitirá aumentar el cuidado al escribir (eso se espera). Es
notorio, por ejemplo, recurrir a mayúscula sostenida para eludir normas
de acentuación, y hay quienes pretextan que “las mayúsculas no se
tildan”. Tal procedimiento se aleja de los preceptos de la Real Academia
Española, como bien lo supieron Ángela, Óscar y Álvaro cuando llegaron a
África, por ejemplo. La vaguedad en estos usos lleva a suponer también
que la forma o el tamaño de estas letras importan poco, como le sucedió a
andrea ramírez gómez, quien aun en la universidad desconocía cómo se
escribía su propio nombre; en cambio, sí lo supo Andrea Ramírez Gómez.
“¿Profesor, los meses se escriben en
mayúscula?”, pregunta un estudiante diligente. Y la respuesta que recibe
es más amplia: “Ni los meses ni los días se escriben en mayúscula”, a
menos que se haya conocido el fin de semana a Carlos Octubre Martínez o a
una dama que responda al nombre de Jueves Anastasia Gutiérrez Leal. En
esos casos hipotéticos, por supuesto, ya no se alude a días ni meses,
sino a nombres propios. De obviarse estas consideraciones, surgirían,
desde allí, errores como “cerca de Julio iniciaré mi proyecto”, muy
distinto a “cerca de julio iniciaré mi proyecto”. En el primer ejemplo,
hay una persona llamada así, Julio; en el segundo, se indica un periodo
del año. Con los nombres propios de algunos barrios de Bogotá cambia la
escritura: 11 de Noviembre, 20 de Julio, 12 de Octubre o 7 de Agosto.
En el campo del periodismo, las imprecisiones
abundan: “A mí no me gusta perder el tiempo”, decía un hombre consagrado
al trabajo; “pues no lo derroches”, contestaba otro; “me refiero al
periódico”, aclaraba el primero; “entonces, no te gusta perder El
Tiempo”, remató el segundo. Para algunos títulos, se han establecido
diferencias entre las obras, por un lado, y las publicaciones periódicas
y colecciones, por otro: la novela Cien años de soledad, la película Lo
que el viento se llevó, el diario El Nacional o la Biblioteca de
Autores Anónimos.
Y con los innumerables bellos lugares del
mundo, la escritura atropellada encierra infinidad de desaciertos: “En
la plata está la tranquilidad” / “¡Qué codicioso!” / “Me refiero a una
ciudad de Argentina” / “¡Ah: La Plata!”. Un distraído podría decir:
“Viajaré a la estrella...” / “¿Romántico o lunático?” / Nada de eso. Iré
a La Estrella, municipio de Antioquia.
Los gentilicios se escriben en minúscula:
bogotano, cundinamarqués, romano, tunjano, japonés, inglés, soachuno,
parisino, sesquileño, belga, boyacense, canadiense, chapineruno,
coreano, girardoteño, danés, bumangués, escocés, chino… De nuevo, si son
nombres propios, cambia la grafía:
Luis Sesquileño Rodríguez, José
Inglés Suárez, Henry Caleño González. Estos se complementan con
Colombia, Inglaterra, Cundinamarca, Bélgica, Boyacá, Escocia, Sesquilé o
París.
Acerca de los títulos y nombres de dignidad o
gobierno, se aplican las mayúsculas para Rey, Papa, Duque, Ministro,
etc., siempre que se omitan los nombres de ellos; pero irán en minúscula
si acompañan a la persona o al lugar que corresponden: el rey Arturo
VII, el papa Juan Pablo II, el duque de Orleans, el ministro de
Educación. Sin embargo, con los cargos, oficios y rangos la aplicación
es distinta: el teniente Agapito González, el carpintero Temístocles
Morales, el general Sugestivo Sánchez, el reciclador Saludito Ramírez,
la gerente Agripina Jiménez, el futbolista Dubalis Ferney, la secretaria
Afanadora Medina.
También van en mayúscula las entidades
colectivas, pero solo como organismos determinados: la Iglesia invita al
diálogo; la iglesia del pueblo es alta / el Estado debe garantizar los
derechos; el estado del vehículo es lamentable / terminó la secundaria e
ingresó a la universidad; llegamos a la Universidad de La Sabana / el
Gobierno adelanta procesos de transición, el gobierno de un país exige
esfuerzo. Y los sustantivos y adjetivos que conforman los nombres de
entidades: Instituto de la Imaginación Eficaz, Organización de Naciones
Unidas, Instituto Caro y Cuervo, Museo de Bellas Artes, etc.
A pesar del primer desacierto de Eufrasia,
resulta alentador presentir que aún conserva el optimismo, la alegría,
el valor, la energía, el esfuerzo, porque, después de una agotadora
semana de clases, con lluvias torrenciales y caos vehicular, cuenta que
llegó “a casa por la Avenida Boyacá con esperanza”. Ojalá nunca la pierda… la esperanza.
JAIRO VALDERRAMA V.
Profesor Facultad de Comunicación
Universidad de La Sabana
Jairo.valderrama@unisabana.edu.co
Profesor Facultad de Comunicación
Universidad de La Sabana
Jairo.valderrama@unisabana.edu.co


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