(Fuente, EL TIEMPO)
Foto: EFE
El festejo de Santa fe en el gol de Luis Manuel Seijas.
Con goles de Morelo y Seijas, los cardenales vencieron a Nacional en la Copa Suramericana.
El de Santa Fe fue un partido de paciencia. De
esperar. De aguantar. De parecer –solo parecer– conforme con el empate.
De entrar en un juego de batalla, de expulsiones. Esperó así, algo
inofensivo, el momento oportuno para abalanzarse con furia sobre un
Nacional de Uruguay, que estaba con nueve jugadores y que agotaba sus
fuerzas. Le ganó 0-2, una ventaja enorme en la ida de la segunda fase en
la Copa Suramericana, en pleno Montevideo.
El partido tuvo tintes de guerra. Nacional y Santa Fe pusieron en la cancha el coraje, la furia, la lucha, pero se olvidaban del juego. Hubo patadas, hubo pisotones, hubo tres expulsados –dos del local y uno cardenal–. El árbitro Raúl Orosco, con sus aciertos y desaciertos, fue el innecesario protagonista del primer tiempo.
Nacional perdió a su primer guerrero a los dos minutos de juego. ¡A los dos! La roja la vio el defensor Diego Polenta, por un doble pisotón a Angulo. Santa Fe, que parecía querer –solo parecía– un empate, también parecía buscar la igualdad en tarjetas rojas. Primero la buscó con méritos el panameño Cummings, que fue amonestado, que estaba caliente y desbordado y que fue reemplazado por Ricardo Villarraga, que entró y al minuto recibió amarilla.
Fue un primer tiempo así, de mucha lucha, pero sin control, sin pausa, sin talento. Nacional apeló a levantar la pelota y Santa Fe a sufrir con ella cada que surcaba su área, como si sobrevolara con proyectiles. Dos cabezazos, uno de Pena, que atajó Leandro Castellanos, y otro de Alonso, que superó el travesaño, demostraron que esos 10 uruguayos no se iban a entregar fácilmente, que eran 10, pero parecían 20. Santa Fe tenía que decidir si lo atacaba, si aprovechaba ese espejismo de los 10 hombres o si esperaba el desespero rival, su cansancio. Así lo hizo.
Al final del primer tiempo, en uno de esos encontrones de dos bandos que se imponían a gritos y empujones, el árbitro elevó de nuevo su brazo para mandar a las duchas a Yulián Anchico –por un golpe en la cara a un rival tendido en el pasto–, y a Alonso, aunque no se supo por qué lo expulsó. A esa altura, quizá ambos equipos anhelaban el vestuario, ir por una ducha fría, calmar la calentura.
Entonces, Santa Fe sacó sus armas para la segunda parte. Wilson Morelo volvió a ser el habitual héroe. Duro 63 minutos esperando un buen pase. Lo pedía, lo reclamaba, lo exigía. Sergio Otálvaro lo sabía y fue su cómplice perfecto. El lateral le metió un pase letal, largo, rastrero, al vacío, como le gustan al goleador que encaró, pasó de largo mientras el portero quedó desparramado en el pasto como si pidiera piedad, y envió la pelota sin clemencia a su feliz destino. Fue el 0-1 que le cayó como una daga a Nacional, que lo desmoronó.
Otálvaro ya se sentía artífice de la victoria. El artista que suplía la falta de ideas y de precisión. De nuevo se lanzó al ataque por su zona derecha, la que más conoce, como un llanero solitario, veloz y sin freno. Cuando levantó la mirada ya estaba llegando al área, y encontró a un nuevo socio, a un atento Seijas; lo miró, le dio el pase sutil, y el venezolano impactó el balón con veneno, con furia; la pelota avanzó haciendo movimientos como si quisiera evitar el aire y, por supuesto, al arquero. Fue a parar a la red. 0-2.
Las fuerzas de Nacional ya eran mínimas. Pero no se rendían. Atacaban, intimidaban, buscaban el descuento que les diera vida para el juego de vuelta, el 16 de septiembre en Bogotá. No lo consiguieron. Santa Fe, que tuvo paciencia, luchó, esperó, aguantó, y luego liquidó, se llevó de Montevideo una victoria gigante.
El partido tuvo tintes de guerra. Nacional y Santa Fe pusieron en la cancha el coraje, la furia, la lucha, pero se olvidaban del juego. Hubo patadas, hubo pisotones, hubo tres expulsados –dos del local y uno cardenal–. El árbitro Raúl Orosco, con sus aciertos y desaciertos, fue el innecesario protagonista del primer tiempo.
Nacional perdió a su primer guerrero a los dos minutos de juego. ¡A los dos! La roja la vio el defensor Diego Polenta, por un doble pisotón a Angulo. Santa Fe, que parecía querer –solo parecía– un empate, también parecía buscar la igualdad en tarjetas rojas. Primero la buscó con méritos el panameño Cummings, que fue amonestado, que estaba caliente y desbordado y que fue reemplazado por Ricardo Villarraga, que entró y al minuto recibió amarilla.
Fue un primer tiempo así, de mucha lucha, pero sin control, sin pausa, sin talento. Nacional apeló a levantar la pelota y Santa Fe a sufrir con ella cada que surcaba su área, como si sobrevolara con proyectiles. Dos cabezazos, uno de Pena, que atajó Leandro Castellanos, y otro de Alonso, que superó el travesaño, demostraron que esos 10 uruguayos no se iban a entregar fácilmente, que eran 10, pero parecían 20. Santa Fe tenía que decidir si lo atacaba, si aprovechaba ese espejismo de los 10 hombres o si esperaba el desespero rival, su cansancio. Así lo hizo.
Al final del primer tiempo, en uno de esos encontrones de dos bandos que se imponían a gritos y empujones, el árbitro elevó de nuevo su brazo para mandar a las duchas a Yulián Anchico –por un golpe en la cara a un rival tendido en el pasto–, y a Alonso, aunque no se supo por qué lo expulsó. A esa altura, quizá ambos equipos anhelaban el vestuario, ir por una ducha fría, calmar la calentura.
Entonces, Santa Fe sacó sus armas para la segunda parte. Wilson Morelo volvió a ser el habitual héroe. Duro 63 minutos esperando un buen pase. Lo pedía, lo reclamaba, lo exigía. Sergio Otálvaro lo sabía y fue su cómplice perfecto. El lateral le metió un pase letal, largo, rastrero, al vacío, como le gustan al goleador que encaró, pasó de largo mientras el portero quedó desparramado en el pasto como si pidiera piedad, y envió la pelota sin clemencia a su feliz destino. Fue el 0-1 que le cayó como una daga a Nacional, que lo desmoronó.
Otálvaro ya se sentía artífice de la victoria. El artista que suplía la falta de ideas y de precisión. De nuevo se lanzó al ataque por su zona derecha, la que más conoce, como un llanero solitario, veloz y sin freno. Cuando levantó la mirada ya estaba llegando al área, y encontró a un nuevo socio, a un atento Seijas; lo miró, le dio el pase sutil, y el venezolano impactó el balón con veneno, con furia; la pelota avanzó haciendo movimientos como si quisiera evitar el aire y, por supuesto, al arquero. Fue a parar a la red. 0-2.
Las fuerzas de Nacional ya eran mínimas. Pero no se rendían. Atacaban, intimidaban, buscaban el descuento que les diera vida para el juego de vuelta, el 16 de septiembre en Bogotá. No lo consiguieron. Santa Fe, que tuvo paciencia, luchó, esperó, aguantó, y luego liquidó, se llevó de Montevideo una victoria gigante.
Síntesis
Nacional (0): Esteban Conde;
Damián Eroza, Diego Polenta, Matías Malvino, Alfonso Espino; Gonzalo
Porras, Santiago Romero; Leandro Barcia (25 ST, Mathías Abero),Ignacio
González (5 PT, Sebastián Gorga); Carlos De Pena (41 ST, Leandro
Otormín) e Iván Alonso. DT: Gustavo Munúa.
Santa Fe (2): Leandro
Castellanos; Sergio Otálvaro, Yerri Mina, Francisco Meza, Harold
Cummings (33 PT, Ricardo Villarraga); Yulián Anchico, Juan Daniel Roa,
Sebastián Salazar, Luis Manuel Seijas; Wilson Morelo (34 ST, Luis
Quiñones) y Daniel Angulo (40 ST, Jeison Gordillo). DT: Gerardo Pelusso.
Goles: Wilson Morelo (18 ST). Luis Manuel Seijas (30 ST).
Goles: Wilson Morelo (18 ST). Luis Manuel Seijas (30 ST).
Árbitro:
el boliviano Raúl Orosco expulsó con roja directa a Diego Polenta (2
PT), Yulián Anchico (40 PT) e Iván Alonso (41 PT). Y amonestó a Santiago
Romero, Matías Malvino, Harold Cummings, Yerri Mina, Ricardo
Villarraga, Luis Manuel Seijas y Daniel Angulo.
PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO


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